La «inversión en cerebros» - Hijos de inmigrantes, la élite de mañana

Foto de la Fundación Hertie Ampliar imagen Foto de la Fundación Hertie: Los 12 becarios del programa de fomento de Schleswig-Holstein. En primera fila, Kyrylo Kobzar (segundo a la izquierda) y Fereshta Azami (tercera a la izquierda)

Nacieron en Turquía, Afganistán, Ucrania o Rusia. Se criaron en Alemania o sólo llevan pocos años viviendo en este país. Son alumnos muy buenos, de los mejores de su grupo y tienen madera para convertirse un día en la élite intelectual de su nueva patria. La fundación de utilidad pública Hertie ha desarrollado un programa para ayudar en su desarrollo estudiantil a esos hijos de inmigrantes.Dos de ellos son Fereshta Azami, de 16 años, y Kyrylo Kobzar, de 15 años, del estado federado de Schleswig-Holstein. Fereshta nació en Afganistán y desde hace unos 15 años vive junto con sus padres y tres hermanos en Wentdorf, un pueblo situado cerca de Hamburgo, y acaba de saltar el décimo curso del instituto de enseñanza media. En algunas ocasiones, su origen cultural diferente le ha causado problemas, dice Fereshta. «Simplemente nos falta el concimiento de ideas y costumbres que los niños alemanes prácticamente han mamado con la leche».Kyrylo es oriundo de Ucrania, llegó a Alemania con su familia hace unos cinco años y ahora asiste al noveno curso de un instituto de enseñanza media en Flensburgo. A diferencia de Fereshta, Kyrylo apenas hablaba alemán cuando fue por primera vez a la escuela en Alemania. «El compañero que estaba sentado a mi lado era ruso y ya hablaba alemán bastante bien. El me traducía lo que yo no entendía», relata Kyrylo.Desde 2002 existe un programa encaminado a ofrecer a los hijos talentosos y motivados de inmigrantes un nivel de escolaridad más alto y, de esta manera, mejores posibilidades de integración. Los becarios reciben mensualmente 100 euros como ayuda económica a su formación escolar y también se les ofrece una computadora con acceso a Internet y la posibilidad de participar en seminarios, excursiones y prácticas. «Para nosotros se trata de una “inversión en cerebros“, que da un rostro a la exitosa integración de jóvenes extranjeros en la sociedad», dice el responsable del proyecto de la Fundación Hertie, Kenan Önen, hijo de inmigrantes turcos.En toda la república alemana ya hay 278 becarios de 53 países diferentes.


Además de un buen rendimiento escolar, la fundación espera también un compromiso social de los becarios. Un número bastante elevado de ellos son portavoces de los alumnos de una escuela o de un curso escolar, miembros de cuerpos de bomberos voluntarios o monitores de asociaciones deportivas. «No queremos crear a egoístas, sino una joven élite de inmigrantes que sea consciente de su responsabilidad social», dice Önen.

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