Babilonia 2.011

Llegamos ya a al meridiano de la FIL, quedan cuatro días para que cierre sus puertas y Alemania, el país invitado de honor este 2011, pase la estafeta a Chile, quien protagonizará la fiesta de aquí a doce meses.

CAI Ampliar imagen (© CAI)

Si bien los encuentros profesionales continúan, estos días de puertas abiertas sirven a todos para presentar sus eventos estrellas y quemar los últimos cartuchos de un evento que congrega a miles en torno a los libros y la literatura: Guadalajara es hoy la Babilonia de las letras.

 

Es curioso cómo ciertos días, ignoro si premeditadamente, si por causa del azar, todos los eventos confluyen en un tema, en una aseveración. No lo pensé hasta que llegó el final del día y cansado escuchaba esa música no del todo definible del grupo de rock The Notwist.

 

Entonces comprendí que este miércoles, 30 de noviembre, la FIL y Alemania parecieron haberse puesto de acuerdo para manifestarles a los visitantes que ambas, la fiesta y el país, son espacios abiertos para la diversidad, para la discusión global, para el intercambio transatlántico, para eso que se llama multiculturalidad.

 

Y es que desde que diera inicio la apretada agenda del día, los eventos que organizó el Pabellón de Alemania dieron cuenta del vasto panorama de ideas, de confluencias, de “idiomas” que transcurren en un mismo país.

 

Primero con la presentación de los distintos proyectos poéticos entre Latinomérica y Alemania materializados en forma de libros (Transversalia; Fiebre/Fieber y la Antología de la Latinale 2011), colaboraciones de traducción/trasvase y festivales, uno se da cuenta que “el cielo abierto” es para los y las poetas de ambas regiones una realidad desde hace tiempo y que, en lo que atañe a los versos –hacerlos, publicarlos, traducirlos o leerlos-, el encuentro entre Alemania y América Latina no ha hecho sino comenzar. 

 

La presentación horas más tarde de la última novela traducida al español del escritor suizo, de lengua alemana, Peter Stamm (Siete años, ed. Acantilado) tuvo a su vez un giro parecido. Pues como indicó el propio escritor “cada lectura/lector destaca un tema preponderante para su propio contexto” y así, donde la reflexión sobre la inmigración no es anotada por otros críticos (europeos), para los latinos resulta un tema importante y así se lo hacen saber a Stamm a través de su interlocutor, el escritor mexicano Jorge Volpi.

 

Minutos después la presentación estelar de Dalibor Markovic y Bass Böttcher, beatboxeros que participan en el Pabellón Alemán con su “Textbox”, escenificó ante los ojos de jóvenes y adultos que las palabras se mezclan con la música y con el rapeo y con formas marginales de recitación y el lenguaje (alemán) se pone a batallar consigo mismo y Alemania se convierte o es al día de hoy, también ella en una Babilonia de los lenguajes artísticos. 

 

Finalmente, la discusión apasionada entre los periodistas alemanes Raúl Zelik, Wolfgang Korn, Adam Soboczynski  (polaco en realidad pero afincado en Berlín) y la mexicana Lydia Cacho, demostró que una comunidad como la nuestra exige el disenso, las discrepancias y que en ellas y la movilización dinámica, en el cuestionamiento de los viejos paradigmas políticos, de consumo e ideológicos, debería estar puesto el horizonte.

 

En el meridiano de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2011, Alemania ha expresado las muchas voces que la componen, el inevitable mestizaje del que obtiene su fuerza.

 

CAI (g), a 1 de diciembre de 2011.