Todo lo que ella lleva, lo lleva consigo: Herta Müller en Guadalajara
Ayer martes, 29 de noviembre, concluyeron las actividades de la escritora alemana de origen rumano, y con ello una intensa agenda que le permitió encontrarse –a veces incómoda, a veces sorprendida, siempre educada- al público mexicano e internacional, el cual ovacionaba a la ganadora del Nobel como si fuera una estrella de rock.
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(© CAI)
En cada una de sus apariciones, ya fuera en su diálogo con el también Nobel de Literatura (2010), Mario Vargas Llosa; en la firma de libros (una fila de 400 lectores con uno o varios libros de la escritora en sus manos –hoy es casi imposible (¿en el mercado negro de la FIL tal vez no?) encontrar a buen precio una novela suya-; en la lectura dramática de algunos fragmentos de su obra acompañada del actor mexicano Arturo Ríos; o en su encuentro con la periodista Sabina Berman, Herta Müller dejaba en el público una impresión contagiosa: Saberse ante una escritora de raza, apasionada por su trabajo.
“Yo no escribo literatura, cuando escribo quiero entender cómo funciona la vida… yo siempre empiezo a escribir cuando ya no puedo seguir adelante, y escribir es lo único que me permite volver a soportar la realidad y las cosas”, dijo la autora de Atemschaukel/Todo lo que llevo lo llevo conmigo (Siruela, 2010) y aunque parezca incoherente su frase da buena cuenta de su pensamiento estético y existencial frente a eso que los seres humanos llamamos arte.
El contraste frente a Vargas Llosa no podría ser mayor y por eso mismo enriquecedor y complementario para los visitantes que tuvieron oportunidad de entrar a una sala repleta cuarenta minutos antes de que comenzara “Dos Nobeles, una conversación”.
Mientras que el escritor peruano entendió la literatura desde su infancia como una posibilidad de vivir experiencias extraordinarias gracias a la imaginación y la fantasía, para Herta Müller los mejores libros han sido aquellos que más le han dolido: “Los que me han mostrado el dolor, los que me han permitido encontrar la complicidad en el sufrimiento, los que me han consolado sin engañarme”.
Y es que para Vargas Llosa la literatura es una “mentira” (una ficción, una creadora de ilusiones) a través de la cual el ser humano desarrolla su inteligencia crítica y conserva, gracias a ello, su dignidad como persona. En cambio, para ella, es una forma de conocimiento: “Me confirma en algo acerca de lo cual dudaba y a pesar de mostrarme lo insoportable de la vida, o quizás por ello, me brinda consuelo”… la “angustia vital” como el mejor crítico literario.
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(© CAI)
La lectura dramatizada de fragmentos de la novela Todo lo que llevo lo llevo conmigo y del libro de ensayos El rey se inclina y mata, en el Teatro Diana –poco más de 1,000 personas se congregaron en la sala, la gélida noche del martes- permitió al público un acercamiento muy diferente a los inquietantes y hermosos textos de Herta Müller. En el escenario elementos mínimos: Unas cuantas maletas, una banca de tren –ella entra y se sienta allí- y una silla ocupada por el actor Arturo Ríos. Al fondo, conforme una u otro tomaba la palabra, en una pantalla iban pasando los textos originales –en alemán o español- entremezclándose, cruzándose, fundiéndose en un apacible y cálido abrazo, mientras escuchábamos la historia del peluquero, el aprendizaje del ajedrez o el aprendizaje de empacar.
En su encuentro con la periodista Sabina Berman, la rumana de nacimiento y alemana de adopción, contó un poco más de sus experiencias vitales durante la dictadura de Ceaucescu, cómo fue espiada y sometida a interrogatorios, mediante los cuales se formó un expediente sobre sus actividades de más de mil páginas, a las que ha tenido acceso recientemente.
La plática resultó por momentos más cargada de contenido político, aunque una vez y otra Herta Müller demostraba que la escritura está vinculada con la vida y que lo que se dice de ella es la verdadera patria de la novelista.
Visiblemente cansada pero satisfecha, la escritora agradeció los aplausos del público, el cariño que le manifestaron durante todas sus apariciones públicas, y ahora por fin volverá a su mesa de trabajo, donde hace lo que sabe y necesita: escribir para sí misma.
CAI (g), 30 de noviembre de 2011.