¿Más Europa, más estabilidad?

En su crisis más seria, la Unión Europea da un radical paso para salir de la trampa de la deuda. El objetivo es transformar las decisiones de la cumbre de diciembre de 2011 en una reforma de los tratados. Un análisis. Oficina de Prensa e Información del Gobierno Federal (Presse- und Informationsamt der Bundesregierung) Ampliar imagen (© Oficina de Prensa e Información del Gobierno Federal (Presse- und Informationsamt der Bundesregierung))

Vista desde alemania, la situación es paradójica: las exportaciones se hallan a nivel récord, la tasa de desocupación es una de las más bajas de los últimos años, en numerosas profesiones hay escasez de mano de obra… y no obstante, la palabra “crisis” domina el año 2011. A fines de 2011, por un lado Alemania se muestra plácida como siempre a la luz de los mercadillos de Navidad, por otro, en sondeos de “ARD-Deutschlandtrend” realizados antes de la cumbre de la Unión Europea (UE) los días 8 y 9 de diciembre de 2011, el 84 de los encuestados opinó que lo peor de la crisis aún está por venir. Los alemanes no sienten en carne propia los efectos de la crisis, pero están igualmente muy preocupados, aunque sin caer en pánico. Ello es algo nuevo en un país que, por las experiencias con la hiperinflación y la reforma monetaria del siglo XX, nada desea más que la estabilidad. La crisis de deuda marca como ningún otro suceso de los últimos años la percepción de la integración europea tanto en Alemania como entre sus socios en la UE.

En el foco de esas percepciones se hallan los estrechos lazos entre los países de la UE, que derivan en interdependencia. Con la agravación de la problemática de la deuda de Grecia y otros países como consecuencia de la crisis financiera que partió del sector crediticio norteamericano en 2008, a los ciudadanos europeos les quedó de pronto muy claro qué significa en la práctica esa interdependencia. El excesivo endeudamiento de países en la periferia de la eurozona amenazó con hacer colapsar a los bancos en el centro y poner en peligro la financiación de la economía en todo el espacio europeo. La ayuda era necesaria, ya por interés propio, aunque la construcción básica de la Unión Monetaria Europea no previera la asunción de las deudas de otros. Schengener Staaten Ampliar imagen (© wikimedia commons, GNU Free Documentation License)

Esa situación supuso para la política europea un desafío existencial. La bancarrota incluso de un pequeño país como Grecia hubiera dañado seriamente la credibilidad de toda la moneda común y desatado una reacción en cadena en otros espacios o sectores. Simultáneamente, toda reacción debía estar calibrada de tal forma que no violara ninguna norma legal ni los intereses de estabilidad de la eurozona. Sin duda, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE tuvieron dificultades para hallar respuestas: la moneda común nunca antes había sido desafiada de esa forma, los plazos para reaccionar era cortos y los importes necesarios mucho mayores de lo que se suponía hasta entonces.

Es hora de reformas

La primera fase de la reacción a la crisis apuntó por ello, a través de la concesión de fondos garantizados conjuntamente, a dar tiempo a Grecia en su crítica situación para reformar las debilidades estructurales del país, su administración y su presupuesto nacional. Pero ni el tiempo ni los fondos puestos a disposición alcanzaron para detener la crisis en Grecia ni impedir su contagio. Ocho cumbres de los jefes de Estado y de Gobierno fueron necesarias en 2011 para analizar y abordar la problemática de política económica de la crisis de deuda: el bajo nivel de intereses para todos los Estados de la eurozona luego de la introducción de la moneda común debilitó la voluntad de los Gobiernos para aplicar las reformas estructurales, necesarias, pero políticamente controvertidas en los propios países. Los mecanismos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento revelaron ser demasiado débiles, particularmente después de que Francia y Alemania violaran durante varios años las reglas del Pacto sin que fueran sancionadas. Las condiciones de los paquetes de rescate y las correspondientes resoluciones del Consejo Europeo no fueron lo suficientemente implementadas también debido a resistencias políticas en los países altamente endeudados. El Banco Central Europeo no pudo más que intervenir puntualmente sin perder su independencia ni renunciar a su obligación de defender la estabilidad de la moneda común. BKin Dr. Angela Merkel Ampliar imagen (© REGIERUNGonline/Chaperon)

En la gestión de la crisis afloraron además grietas en el consenso de los miembros de la Unión Europea. Si bien la moneda común europea fue aprobada en el Tratado de Maastricht como proyecto común de todos los Estados, Gran Bretaña y Dinamarca se habían asegurado una cláusula de excepción y tampoco Suecia se adhirió a la moneda común cuando el país cumplió con los criterios. Por ello, esos países y otros miembros de la UE fuera de la eurozona participaron en la gestión de la crisis en primer lugar a través de su pertenencia al Fondo Monetario Internacional (FMI). En Finlandia, las ayudas se transformaron en tema de campaña electoral para corrientes populistas, en Eslovaquia desencadenaron una crisis de Gobierno. Entre los 17 países del euro se cristalizaron dos bandos. Uno defendió la creación de bonos estatales conjuntos (eurobonos) y una mayor intervención del Banco Central en los mercados de bonos, mientras que Alemania, los Países Bajos y Austria, el núcleo del otro bando, rechazaron esos instrumentos para evitar una comunitarización de las deudas.

Aumento del endeudamiento total

Europa estaba dividida y llegó a un compromiso solo por la presión que ejercieron los hechos. Así sucedió con la decisión a favor de la creación de un mecanismo provisional de estabilización en mayo de 2010, la siguiente creación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) y la fundación de un paraguas permanente de rescate, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), en julio de 2011. El cambio de estrategia de la política europea se debió seguramente más a la insuficiente capacidad del Gobierno de Italia para llevar a cabo las reformas prometidas ante el Consejo en Bruselas que al fracasado intento de detener la dinámica de la crisis con una condonación parcial de las deudas griegas por parte de acreedores privados. Colourbox Ampliar imagen (© Colourbox)

La persistente crisis demostró que los Estados de la eurozona habían perdido de hecho su soberanía formal en cuestiones de finanzas. Todos –incluida Alemania– habían ampliado considerablemente su deuda total como consecuencia de la crisis financiera de 2008 y perdido espacio nacional de maniobra. Si querían recuperar esa soberanía debían formular juntos sus políticas económicas, estructurales y presupuestarias. Ya con el paquete de seis directivas y regulaciones (“six pack”), la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo habían aprobado un endurecimiento del Pacto de Estabilidad, que tuvo como objetivo aumentar la disciplina fiscal a nivel nacional antes de la aprobación de los presupuestos nacionales y castigar más consecuentemente las violaciones. En septiembre de 2011, Angela Merkel, la canciller federal alemana, dejó entrever que Alemania estaba dispuesta a impulsar una reforma de los tratados para transformar la unión monetaria en una “unión fiscal”. Las propuestas preparadas juntamente con Francia conformaron la base para el radical paso del Consejo Europeo de los días 8 y 9 de diciembre de 2011.

Fijación de un freno de deuda en el derecho nacional

Junto con las decisiones anteriores, esa cumbre transformó palpablemente a la UE. El grupo de los países del euro está ahora más claramente que antes en el foco político. Ello se ve también en que su presidencia del Consejo Europeo coincide con la del papel del presidente del Consejo. Ello continuará probablemente también con el sucesor del belga Herman Van Rompuy. Los países del euro planean seguir sesionando al más alto nivel una vez por mes. El mecanismo permanente de estabilización es adelantado y todos los Estados participantes fijarán un freno de deuda en la legislación nacional. Además aspiran a llevar a cabo una reforma de los tratados que haga vinculante, tanto como sea legalmente posible, la evaluación de los proyectos presupuestarios nacionales por parte de organismos europeos y prevea sanciones automáticas. Colourbox Ampliar imagen (© Colourbox)

En la práctica, ello llevará a una paulatina europeización de la política presupuestaria y económica, en cuyo marco también se conformarán a nivel europeo las políticas laborales, sociales y jubilatorias. Bajo la presión de la crisis, los Estados miembros negocian así a partir de 2012 acerca del comienzo de la “unión política”, que ya había sido mencionada como objetivo en las negociaciones para el Tratado de Maastricht, pero que no había podido ser realizada. Como hace 20 años, el impulso decisivo para ello partió nuevamente de Alemania. Lo que para Helmut Kohl fue una cuestión básica de política europea se transformó para Angela Merkel en una necesidad exigida por los sucesos. Alemania no pudo asegurar su posición básica respecto a cómo abordar la crisis sólo con su tamaño y su peso relativo. Un fracaso del euro puede provocar daños incalculables para toda la UE, incluida Alemania. En esa situación, a Berlín le pareció más sensato conservar la unión monetaria, concebida en su momento sobre la base de ideas alemanas, a través de una estrategia activa de reforma de los tratados. En la peor crisis de la política europea desde el comienzo de la integración, la política alemana volvió a su enfoque tradicional de aspirar a más integración para ganar capacidad de acción.

Las dramáticas negociaciones han transformado el clima de la política europea: el 9 de diciembre demostró la determinación de los 17 países del euro a liderar la política de integración si no se llega a un consenso entre los 27. Los demás miembros de la UE lo entendieron y se adhirieron a la idea, también gracias a la clara posición de Polonia. Aún antes del fin de la cumbre, tres países que aún no se habían decidido apoyaron finalmente la iniciativa germano-francesa, de tal forma que solo Gran Bretaña no estuvo dispuesta a cooperar en la reforma de los tratados. Como en otras estaciones de la política europea, el creíble anuncio de marchar hacia adelante no dividió a la Unión Europea, sino que la cohesionó aún más, si bien esta vez con la marginalización de un miembro mayor e importante para Europa.

La puerta de la UE debe permanecer abierta

Las negociaciones para la reforma de los Tratados serán difíciles, porque las ideas acerca de su contenido y alcance divergen aún, también luego de esta fijación de rumbo. Las partes harán bien en formular su reforma de tal forma que, como el Acuerdo de Schengen, pueda ser transferida más tarde sin problema alguno al derecho comunitario. La puerta debe quedar abierta, tanto para Gran Bretaña como para todos los miembros actuales y futuros de la UE, si bien no al precio del estancamiento. Colourbox Ampliar imagen (© Colourbox)

En el idioma chino existen un solo carácter para las palabras “crisis” y “posibilidad”. Esa idea del potencial creativo de la crisis también es conocida en Europa. Las medidas de corto plazo para controlar la crisis europea de deuda continuarán siendo necesarias y exigirán tomar decisiones aún durante las negociaciones para la reforma. Además ésta deberá contar con la aceptación de los europeos en los países participantes. Para ello, las posibilidades que ofrece esa política deben ser reconocibles y comprensibles. Al mismo tiempo, Europa necesita una renovación de la relación entre el ciudadano y el Estado, el provecho propio y el bien común, a efectos de superar la debilidad de los partidos políticos y el fracaso de la administración estatal, que empeoraron dramáticamente la situación en los focos de la crisis. También ello es una tarea para Europa: realizar con aportes comunitarios un aporte para afirmar en toda la Unión una forma de gobierno efectiva, eficiente y democráticamente legitimada.

Josef Janning –politólogo y experto en Europa– es director de estudios del think tank independiente “European Policy Centre” (EPC), de Bruselas.

 

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Unión Europea

Josef Janning, cortesía magazin-deutschland, enero 2012